Cómo se desarrolla el hábito de la lectura en los niños

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El hábito de la lectura es una de las actitudes indispensables para asegurar el éxito escolar. Muchas personas tienes serios problemas para leer y más aún para comprender la palabra escrita. ¿Podemos los padres hacer algo con nuestros hijos para ayudarles en este proceso?

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Desde que los niños comienzan su etapa escolar van encontrando una gran cantidad de información.  La más  predominante, en esta etapa, suele ser a base de imágenes y colores, diversión, juegos, actividades totalmente placenteras con las que van aprendiendo casi sin darse cuenta. Se muestran libres  y disfrutando de su estancia en el aula de clase.

La situación se complica cuando comienzan la primaria, todos los privilegios lúdicos comienzan a desaparecer,  incluyendo las imágenes vistosas que comienzan a dar paso a cientos de páginas incoloras e insípidas con un contenido de millones de letras cuyo significado, ya de por sí, no despierta el más mínimo interés por su mismo peso de obligatoriedad.

Es entonces, cuando las familias y la escuela comienzan con los problemas reales de educación. Algunos estudiantes desarrollan la tan preciada comprensión lectora, mientras que otros se van quedando en el camino, aprendiendo técnicas de memorización o haciendo acopio de las “chuletillas” para aprobar los contenidos.

Los padres podemos jugar un papel muy importante en el desarrollo de los hábitos de lectura.

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Las costumbres que se aprenden en el hogar rigen la vida de los individuos en sus diferentes etapas de desarrollo.  Así, aquella familia en la cual la lectura forma parte de las actividades diarias,  suele criar niños con esa tendencia básica.

De igual forma, se crean situaciones muy agradables cuando los padres intentan interesarse por las lecturas de sus hijos, aunque pudieran ser muy infantiles o juveniles, y buscan momentos oportunos para sacar el tema en las conversaciones habituales: “me ha encantado la forma como Harry se va sobre la escoba”; “aun estoy pensando porqué el lobo feroz se disfrazó de la abuela de Caperucita”; “¿porqué tú crees que Ariel se enfadó con su padre”?.

Comentarios que aluden directamente el contenido principal de los cuentos e historias y hacen que el niño, libremente, comente lo que haya comprendido.

Muchas veces,  también, es de gran valor educacional el intercambio de información en áreas que sean de especial interés para nuestros hijos.  Es así como infinidad de temas relacionados con los deportes, habilidades, música, modas, etc. pueden convertirse en un punto de intercambio entre padres e hijos.

Lo que sí es cierto es que un niño que en su hogar ve a los adultos leyendo, inconscientemente intentará imitar y tiene la batalla ganada en muchos ámbitos de su vida.

Cabe destacar que la lectura por voluntad propia es mucho más placentera que aquella que representa una obligatoriedad como las exigidas durante la enseñanza.  Pero aquí lo importante es la comprensión de lo leído, es lo que marcará la pauta.  Un niño que lee y comprende puede aprender, mientras que un niño que no comprende lo que lee está muy limitado en su capacidad de comprensión de los contenidos docentes,  por lo que su rechazo a estudiar está casi garantizado.

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Los materiales de lectura son extremadamente variados , ya que van desde simples párrafos de revistas o periódicos hasta libros completos. Todo un mar de sensaciones listo para ser navegado en el barco del interés y el espíritu de la imaginación. La lectura en familia es una valiosa herencia que debe ir pasando de generación en generación.

Fuente Imagen 1 Flickr.

Fuente Imagen 2 Flickr.

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