Cómo vencer el miedo a exponer en público

Cómo vencer el miedo a exponer en público
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¿Te aterra la idea de exponer en público? El sólo hecho de tener que hacer una exposición oral para un público es motivo de nervios y estrés para muchos estudiantes o gente de negocios. Algunos trabajos requieren su exposición delante de más gente y ello supone sufrir miedo escénico.

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Pero el miedo escénico no es más que un estado mental que una persona construye en su mente y como tal puede destruirse. Al final,  como todo en la vida, la práctica es la mejor amiga. Pasadas tres exposiciones, la persona va disminuyendo los nervios y poco a poco sus presentaciones se tornan más convincentes y exitosas. Una práctica muy útil podría ser la de leer un texto ante el espejo o grabarse para percatarse de los posibles errores que nos hacen sentir inseguros de cara a la exposición oral. El camino adecuado es primero pensar que se puede superar, es decir, confiar en nuestra capacidad para vencer ese miedo. Este mismo temor está relacionado con las experiencias vividas de cada uno, su nivel de exigencia y su estado físico. El cerebro juega un papel muy importante en la motivación personal. Se trata de mantener una actitud positiva que requiere de una relajación. Un buen paso es respirar y repetirse a uno mismo “voy a ser capaz de hacerlo”. Para mejorar las exposiciones orales, se deben de realizar ejercicios de dicción y articulaciones. Cuando una persona está nerviosa, su cuerpo se paraliza y la garganta se cierra. Por tanto,  es fundamental no sólo trabajar la parte comunicativa, es decir transmitir al otro la información, sino que también es importante tener trabajado el asunto que se va a exponer. Cuanto más interiorizada se tenga una información, mejor se podrá transmitir a los otros. El 80% de la exposición depende de la preparación del tema. Hay que conocer muy bien todo aquello que se está exponiendo y no puede haber ninguna laguna. Conviene hacer una buena presentación con un dato curioso para acaparar la atención del público y ganar confianza. Es de gran ayuda tener estructurada la exposición, es decir, dividirla por partes. También es muy importante conocer de antemano a qué público nos vamos a dirigir y cuánto pueden saber sobre el tema que vamos a exponer. Hay que tratar de ser natural y de mostrar entusiasmo. Si la angustia persigue, también es de gran ayuda, apoyar la exposición con elementos audiovisuales o con papel y rotuladores. El ritmo de la exposición debe de ser adecuado. Cuando estamos nerviosos, tendemos a hablar más rápido para “quitárselo de encima” y eso es un error. En ningún momento hay que acelerar la velocidad de la expresión. Fuente imagen por flickr
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