Educación y trastornos de conducta I

Educación y trastornos de conducta I
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Los trastornos de conducta son cada vez más acusados en centros escolares. Cuando hablamos de problemas de conducta nos referimos al conjunto de comportamientos, acciones y reacciones del niño o joven, a través de las cuales interactúan con los demás y con el ambiente que les rodea.

Para poder analizar dicho comportamiento es necesario saber que influyen tanto factores biológicos (fisiología, anatomía y funcionalidad cerebral, genética…), factores psicológicos (personalidad, experiencias vitales, actitudes, motivaciones, expectativas, conflictos…), factores ambientales (familia, escuela, entorno social, recursos…) y un cuarto factor, el aprendizaje (habilidades y destrezas adquiridas, valores, normas y actitudes).

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Son estos factores los que nos indican que la conducta de una persona ni se produce ni puede ser analizada en el vacío. Siempre ocurre en un contexto reactivo donde tan relevante es el comportamiento manifestado, como la reacción que produce.

Los comportamientos problemáticos suelen desencadenar en el medio social reacciones muy rápidas. Consecuencia directa de ello es que la intervención sobre estas conductas no puede centrarse exclusivamente en la persona (alumno, joven…) que los produce; acción, sino también, y muchas veces prioritariamente, en la que responde; reacción (docente, adulto…).

Los trastornos de conducta de un niño o un joven van a afectar negativamente a su relación con el entorno, interfiriendo en su desarrollo personal y afectando a su competencia académica, familiar y/o social.

La importancia de las consecuencias de estos comportamientos radica en que pueden:

– Ser una fuente muy potente de estrés (para adultos y compañeros).

– Generar aislamiento y exclusión social.

– Llegar a amenazar la salud y la seguridad del que los muestra y de los que las sufren u observan.

Requerir supervisión continua: centrando la intervención en la conducta y sustrayendo los esfuerzos necesarios en otros ámbitos de enseñanza y aprendizaje.

Generar en los adultos respuestas restrictivas (no educativas) desmedidas y desproporcionadas (castigos, expulsiones…).

Empeorar si no se adoptan las medidas adecuadas.

Sin embargo, también pueden sernos de utilidad puesto que señalan qué es importante para el niño; qué necesita o qué carencias tiene (atención, seguridad, afecto…).

Desde enero el departamento de “Educación, Universidad, Cultura y Deporte” de Aragón a puesto a disposición de los centros una herramienta de intervención educativa para los alumnos que presentan algún tipo de trastorno de conducta derivado de alguna patología. “Trastornos de conducta. Una guía de intervención en la escuela” ha sido elaborada por un grupo de orientadores de los Equipos de Orientación de la provincia de Zaragoza.

Imagen por Sergio Patric

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